Lucy Wilson – Historia en Progreso.

Hola de nuevo (^-^)/

Voy a publicar otra de las historias que estoy escribiendo. Esta en particular la empecé a escribir hace varios meses atrás de una idea que rondaba en mi cabeza. Escribí un 1er capítulo extra largo para avanzar un poco más rápido la historia. En estos momentos, estoy escribiendo el cap 3. La verdad es que me ha costado escribir el cap 3, he tenido que escribir, borrar y luego volver a escribir porque no me gustaba como quedaba. Soy un poquitín perfeccionista en ese aspecto.

Bueno esta historia en específico es de Romance, Comedia y un tantito de Drama. Espero poder terminarla pronto. ^-^

Sinopsis

Lucy no entendía cómo su hermana mayor pudo haberse enamorado de un sujeto tan mal educado y egoísta. Por una parte, se sentía feliz porque su hermana se veía alegre al lado de aquel sujeto. Pero por otra, sentía que a la larga, le daría más decepciones que alegrías a su frágil, hermosa y querida hermana mayor. Porque ella sabía que ese sujeto no era quien decía que era, y lo sabía porque tal sujeto le había hecho tal “cosa” a Lucy

 

Capítulo 1

Todo empezó un mes después de que la hermana mayor de Lucy, Layla, le presentara a su novio James. Al principio a Lucy le pareció un chico honesto y educado; alegre, inteligente y lo más importante, parecía que sus sentimientos hacía Layla eran genuinos; lo cual hacía que Lucy no se preocupara mucho por su hermana mayor. Layla, de pequeña, siempre había permanecido en su cama debido a que su salud nunca fue muy buena; solía desmayarse con facilidad, lo cual complicó su niñez a tal grado que tuvo que permanecer un tiempo sin ir a la escuela. Lucy se entristecía y sentía algo de culpa al ver que su hermana mayor tenía que quedarse en cama sin poder salir a divertirse, ir a la escuela o hacer amigos; mientras que Lucy sí podía. Por eso Lucy siempre había sobreprotegido a Layla, actuando ella como la hermana mayor y asegurándose de que nada le pasara. Así que cuando Layla le presentó a James como su novio, no pudo evitar sentirse preocupada, pero luego se sentiría un poco aliviada al ver que su hermana estaba feliz al lado de él.

Era un lunes por la mañana cuando Lucy bajaba por las escaleras del piso superior para dirigirse al comedor a desayunar. Todavía tenia puesta la pijama debido a que ese día podía ir un poco más tarde a la Academia Privada “Alfa y Omega.” Bajó el último escalón y llegó al comedor donde encontró a su hermana ya con su uniforme escolar puesto y terminando de desayunar un tazón de avena.

-Buenos días, Layla –dijo Lucy soltando un gran bostezo–. ¿Ya te vas a la Academia?

-Sí. De hecho, James me viene a buscar en su motocicleta. –respondió Layla con una sonrisa.

-¡Layla! ¡Ya sabes que no me gusta que te montes en esa motocicleta, es muy peligroso! ¿Y si te caes y te rompes algo? –dijo Lucy con preocupación.

-¡Te pareces a papá! Y ya sabía que me ibas a decir eso, pero no te preocupes que yo le dije a James que no corra tan deprisa. –respondió Layla con un guiño y una sonrisa.

-Está bien, pero asegúrense de usar cascos. ¿Y papá salió temprano? Dijo que tenía una reunión, ¿no? –preguntó Lucy cambiando de tema mientras se preparaba un tazón de cereales.

-Sí. Y al parecer va a llegar tarde esta noche, así que dijo que no le hiciéramos de cenar. Ha estado muy ocupado últimamente, espero que no se vaya a enfermar por la fatiga –comentó Layla mientras terminaba de comer su tazón de avena.

-Ah, ya veo. Pero papá no se enfermará tan fácil, ya sabes lo fuerte que es.

La madre de ambas había fallecido cuando ellas eran muy pequeñas, por eso su padre se había tenido que esforzar demás para sacar a sus dos queridas hijas adelante. Antes de que su esposa falleciera era completamente normal que él no llegara a la casa por periodos de hasta una semana, pero cuando la tragedia los golpeó, él prometió hacer un esfuerzo para estar más tiempo con sus hijas; aunque a veces era imposible.

Layla sonrió, se levantó de la mesa, dejó el tazón y la cuchara en el lavaplatos. Al instante se escuchó el ruido del motor de una motocicleta, lo cual indicaba la llegada de James. Layla tomó su morral y se iba a despedir de Lucy cuando, de repente, dijo que se le habían olvidado algunos libros y que tenía que subir a su habitación para buscarlos.

-¿Puedes decirle a James que pase y me espere en la sala? No tardaré mucho pero no quiero dejarlo solo allí afuera –dijo Layla con tono amable.

-¡Es un hombre grande! Seguro que estará bien –respondió Lucy con tono burlón.

-¡Lucy! ¡No es gracioso! Anda a decirle que entre, ¿quieres? –dijo Layla con tono serio pero divertido.

-Ok, ok. No te enojes.

Mientras Layla se dirigía a su habitación, Lucy fue hacia la puerta principal y la abrió. Era un día claro y soleado, aunque hacía un poco de frío porque aún era muy temprano, era un día agradable. Vio que James estaba recostado de su moto y revisaba su celular mientras esperaba a Layla. Lucy podía darse cuenta de la razón por la cual su hermana se enamoró de James. Él, además de que era muy apuesto, era inteligente, bien educado; y lo más importante (al menos para Lucy) trataba muy bien a Layla.

James notó que Lucy estaba allí, guardó su celular y se dirigió hacia ella.

-¡Lucy! ¿Cómo estás? Bonita pijama por cierto, jajá -dijo James como modo de saludo al ver lo que Lucy traía puesto.

-Estoy bien, supongo. Y ésta es mi pijama favorita así que no te burles -respondió Lucy fingiendo sentirse enojada por el comentario de James.

-Dije que es bonita, ¿no?

-Sí, pero la forma en que lo dijiste fue como de burla, así que creo que en realidad no piensas que mi pijama es bonita -dijo Lucy haciéndose la odiosa.

-Está bien. Ajem. De verdad pienso que Lady Lucy y su pijama se ven muy bonitas ésta mañana. ¿Mejor? -dijo James con tono serio pero con un atisbo de diversión.

-Mucho mejor, aunque lo de Lady estuvo demás -respondió Lucy, riendo un poco.

-Muy bien, entonces -comentó James, también riendo.

Lucy no lograba comprender cómo era que James y ella podían tener este tipo de conversaciones tontas que terminaban siendo divertidas, al menos para ellos. Lucy tampoco lograba comprender cómo ambos podían llevarse tan bien sin conocerse tanto. Ella se sentía cómoda hablando con James, e incluso, no le daba pena enseñarle su pijama rosa con adornos de corazón que la hacía ver como niña pequeña.

-Suficiente de esta charla. Layla dijo que pasaras a la sala y que la esperases allí mientras ella busca unos libros que necesita para hoy. Así que, pasa adelante -dijo Lucy, abriendo la puerta e invitándolo a pasar.

-De acuerdo -dijo James, con tono amable.

James se detuvo a unos pasos de Lucy y se quedó viéndola por unos instantes. Sus ojos se encontraron y Lucy giró a ver la motocicleta, tratando de disimular su sonrojes. No pudo.

James era sumamente atractivo. Lucy pensaba que no era justo que existiese alguien tan hermoso en el mundo. Era alto, esbelto y de tez blanca. Sus ojos eran de un castaño otoñal, su nariz era recta y perfecta, y su cabello negro como el azabache, estaba limpio y bien peinado; parecía un modelo de esos que salen en los comerciales de la tele.

Lucy, en cambio, era todo lo contrario. A pesar de que no era del todo fea, su tez era blanca, un blanco que la hacía verse enferma en ocasiones. Su nariz no era recta del todo y sus labios siempre estaban resecos. Lo único que le gustaba a Lucy de sí misma, era su pelo. Era rubio, largo y liso. Su pelo era algo de lo que se sentía orgullosa y por eso cuidaba muy bien del mismo. Lucy pensaba que no había nada más de ella que pudiese ser considerado atractivo o bonito. Excepto, quizá, sus ojos. Eran de un hermoso color verde oscuro, al igual que los de su madre.

Ahora, en cuanto a Layla, eso era diferente. Lucy pensaba que James y Layla se veían muy bien juntos. Su hermana había heredado los rasgos finos y delicados de su madre. Su pelo, también rubio, era hermoso y brillante, aunque no tan largo como el de Lucy. El color de sus ojos era el único rasgo que le faltaba para parecerse a su madre. Éstos eran de un color azul claro, como el cielo en primavera, herencia de su padre.

Mientras que Lucy había heredado el vigor y la fortaleza de su padre, Layla por otra parte, había heredado además de la naturaleza dulce de su madre, su frágil salud.

Lucy dejó de pensar y volteó a ver a James. Ahí está otra vez esa mirada. Seguramente hace derretir a cualquier chica con tan solo mirarla. Pero no funciona conmigo, pensó Lucy para sus adentros.

-Será en otra ocasión que puedas seguir burlándote de mí y de mi pijama, por ahora, ya pasa que hace frío -comentó Lucy con un tono serio pero amable, volviendo a esquivar la mirada de James.

-Ok. Ya voy, ya voy –respondió éste, casi sonriendo.

Ambos entraron a la casa y Lucy cerró la puerta. Se dirigieron a la sala y James tomó asiento en el sofá grande que había en medio de ésta. Lucy fue a la cocina por su tazón de cereales y regresó a la sala, se sentó en un sofá más pequeño que estaba al lado del grande y empezó a comer.

-Ya veo que te sientes muy cómodo en ese sofá -comentó Lucy al ver la forma en que James estaba sentado.

-La verdad es que es un sofá muy cómodo por eso no puedo evitar sentarme como lo hago en casa -contestó James, con una sonrisa.

-Jajá. Entiendo ese sentimiento. Una vez, en la casa de una amiga, no recuerdo de lo que estábamos hablando pero el caso es que nos dirigimos a su habitación y ella me dijo que la esperase allí mientras ella iba a buscar algo de comer. Cuando salió de la habitación, fui y me senté en su cama y era tan cómoda que no pude evitar quedarme dormida.
>>Cuando desperté, eran las 3 de la mañana y mi amiga estaba dormida en el suelo. Me dio tanta pena que, cuando despertó, empecé a disculparme por haberme quedado dormida una y otra vez -contó Lucy, poniéndose un poco roja al recordar esa anécdota-. Ella me dijo que me veía tan cómoda mientras dormía que no quiso despertarme.

-Es cierto que me siento cómodo en este sofá pero eso no significa que me voy a quedar dormido en él -opinó James, mientras trataba de contener la risa-. Aunque debo decir que hacer eso es típico de ti.

-Sí. Ríete lo que quieras pero de verdad me sentí muy avergonzada cuando eso pasó. Además no es como si me fuese a dormir en cualquier lado solo porque es cómodo. Solo que en esa ocasión admito que me sentía un poco cansada -dijo Lucy sonriendo.

Justo cuando Lucy terminó de hablar, Layla venía bajando las escaleras de manera apurada. Terminó de bajar el último escalón y llegó a la sala.

-James, amor, ¿cómo estás hoy? –preguntó Layla, con una sonrisa.

-Estoy bien, cariño, ahora que estás aquí –respondió James, también con una sonrisa. Se levantó del sofá, se acercó a Layla y le plantó un suave beso en los labios. Layla rió y se sonrojó ligeramente.

-Ok. Ya dejen de actuar como recién casados y váyanse a la Academia que se les va a ser tarde –dijo Lucy con tono burlón luego de presenciar el beso. Aunque no solo lo decía porque le resultaba divertida la reacción de Layla. Sino que, por alguna razón, sentía algo raro cada vez que su hermana y James actuaban como tórtolos. No sabía exactamente qué era pero la hacia sentir incómoda.

-Recién casados, ¿eh? Me gusta como suena eso –comentó James, divertido.

-¡James! ¡No digas ese tipo de cosas! ¡Es vergonzoso! –opinó Layla, su cara roja de vergüenza–. Además, es muy temprano para eso… -terminó de decir en un susurro casi inaudible.

Inmediatamente estrechó la mano de James y lo jaló hacia afuera, despidiéndose de su hermana menor. Lucy vio como ambos se montaban en la motocicleta, se colocaban los cascos y se alejaban rápidamente de la casa. Justo en ese momento le llegó un mensaje de texto de James:

Me hubiese querido quedar más tiempo contigo a solas para seguir hablando. Será en otra ocasión 😉

Ese corto mensaje hizo que el corazón de Lucy empezara a latir más deprisa. Al momento comprendió de una vez qué era ese “algo” que sentía cuando veía a Layla y James juntos; y no le gustaba para nada.

***

-¡Señorita Wilson! –El grito del Sr. Surrey, el profesor de Historia, hizo que Lucy bajara de la nube en la que estaba. Había pasado la primera media hora de la clase pensando. Sus pensamientos estaban en un estado de confusión, depresión e incomodidad, y todo por un corto y tonto mensaje de texto.

-¡Disculpe! ¡No estaba prestando atención, Sr. Surrey! –se disculpó Lucy, poniendo su mejor cara de arrepentimiento. Por supuesto, no funcionó.

-Ahórrese sus disculpas señorita Wilson –dijo el Sr. Surrey con un tono de desprecio–. Como obviamente es notable que le fascina mucho mi clase, ¿por qué no viene al frente y nos habla sobre La Revolución Francesa? –Añadió el Sr. Surrey con una sonrisa que despedía maldad.

No por nada era el profesor menos apreciado de toda la Academia. Era estricto, malvado y su odio por todos los estudiantes de la Academia era bien conocido. Obviamente Lucy no sabía nada de nada sobre La Revolución Francesa. Aunque esta vez era su culpa por no mirar el pizarrón, Lucy aún culpaba al Sr. Surrey.

-¿Qué espera, Srta. Wilson? –dijo el Sr. Surrey mirando fijamente a Lucy.

No me sé el tema… Sr… -respondió Lucy en voz baja.

-¿Cómo dice? No la escuchamos, ¿no es así, clase? –dijo el Sr. Surrey, con malicia. Las miradas de los demás alumnos iban de Lucy al Sr. Surrey, como si de un partido de tenis se tratase. Lucy le parecía increíble la forma en que el Sr. Surrey hacia parecer que la clase estaba en contra de ella.

-Dije que no me sé el tema, Sr. Surrey –dijo Lucy, tratando de parecer firme.

-¡Ah! ¡¿Oyeron eso, clase?! ¿Qué creen que debamos hacer al respecto? –preguntó el Sr. Surrey en voz alta para hacer que la vergüenza que sentía Lucy se intensificara. Por supuesto, nadie iba a responder a la pregunta del profesor. El Sr. Surrey lo sabía, Lucy lo sabía, toda la clase lo sabía. Era bien conocido que el Sr. Surrey disfrutaba viendo a sus estudiantes en apuros-. ¿Nadie tiene alguna idea? En ese caso… -prosiguió el Sr. Surrey–. Yo digo que para la próxima clase, es decir el viernes, la Srta. Wilson tendrá que exponer y dar la clase sobre La Revolución Francesa con lujo de detalles. Además todos, repito, todos tendrán una serie de pruebas escritas en base a lo que la Srta. Wilson, aquí presente, exponga. Ésta, a su vez, tendrá un impacto considerable en su calificación final si se les ocurre reprobarla –Terminó de decir el Sr. Surrey, con una sonrisa burlona mal disimulada-. ¿Quedó claro? Entonces, ésta clase se da por terminada. Pueden retirarse.

Todos los alumnos de la clase 1-C de la Academia “Alfa y Omega” salieron de forma ordenada del aula. Cuando estuvieron a una distancia segura, lejos del alcance auditivo del profesor; explotaron. Todos rodearon a Lucy, hablando al mismo tiempo y con caras de odio y resentimiento. Lucy pensó que ese era el día que iba a morir. Pero de repente, al escuchar bien lo que gritaban sus compañeros, se dio cuenta que no estaban hablando de ella sino del Sr. Surrey.

-Ese profesor de pacotilla, haciendo que Lucy pase por algo como eso –Dijo uno de sus compañeros de clase. Un muchacho alto y de pelo corto llamado Ryan Lugo.

-Es increíble que a un profesor se le permita semejante comportamiento, ya estoy harta de presenciar ese tipo de cosas –dijo la Delegada de la clase, Scarlett Conelly. Era una chica pelirroja, de baja estatura que usaba unos anteojos de color rosa que llamaban mucho la atención.

-¡Es cierto! ¡Yo igual! Además, hoy fue Lucy pero mañana puede ser otro de nosotros –dijo una chica de pelo negro llamada Tiffany Dolceir.

-Yo digo que hagamos un Acta dirigida al Consejo de Profesores exigiendo la destitución inmediata de ese profesor de tercera –propuso el Delegado masculino de la clase, Carlos Delgado.

Todos criticaban a la vez que proponían ideas para hacer que el Sr. Surrey fuese destituido, incluyendo sabotear la clase y una huelga estudiantil. Lucy se encontraba callada, escuchando y pensando al respecto. Ella creía que era mejor no hacer nada violento como el sabotaje, eso solo perjudicaría a los estudiantes, ya que podrían ser expulsados de la Academia por ello, lo cual beneficiaria al Sr. Surrey.

-¡Oigan! ¡Escúchenme un minuto! –gritó Lucy para hacerse notar de entre el mar de voces de sus compañeros. Poco a poco todos se fueron callando, hasta que todo quedó en silencio. Lucy se aclaró la garganta antes de hablar.

-Pienso que hacer algo como el sabotaje sería dañino para nosotros –empezó Lucy, con voz seria y calmada–. Lo que creo que debemos hacer es enviar una carta, firmada por todos nosotros, dirigida al Consejo Estudiantil con nuestras quejas contra el Sr. Surrey. Exigir la destitución de un profesor al Consejo de Profesores no nos va a servir de nada porque de seguro no nos tomarán en serio. En cambio, poco a poco y con la ayuda del Consejo Estudiantil, podremos hacer llegar nuestras quejas al Consejo de Profesores para que abran una investigación en contra del Sr. Surrey –terminó de decir Lucy. Hubo un momento de silencio incómodo durante el cuál Lucy pensó que rechazarían su idea y se burlarían de ella por haberla propuesto. Pero al cabo de unos minutos, uno a uno, los compañeros de Lucy empezaron a asentir y proferir palabras de apoyo.

-¿Y que hay de la exposición y las pruebas escritas? –preguntó Scarlett,con preocupación en su voz. Lucy lo pensó unos segundos antes de responder.

-Yo me comprometo en preparar una magistral y perfecta exposición que le calle la boca al Sr. Surrey –respondió Lucy, sintiéndose bastante confiada–. En cuanto a las pruebas –continuó–. Yo trataré de darles una exposición clara y entendible para que puedan salir bien en los escritos, pero también necesito que se preparen de antemano, por favor –acabó Lucy, sintiéndose con bastante ánimos para realizar esa tarea.

-Yo estoy de acuerdo. Estudiaré y me prepararé para las pruebas. Todos ustedes deberían hacer lo mismo –dijo Carlos, dirigiéndose a la clase.

-Habla por ti. ¿Acaso no has visto mis calificaciones? ¡Son pésimas! –comentó Ryan, en forma de chiste. Eso hizo que todos rieran a carcajadas, incluyendo a Lucy.

-¡Oigan! ¡No se rían! ¡Es en serio!

***

Esa tarde, cuando Lucy regresó de la Academia, se dirigió corriendo hacia su habitación para empezar a montar la exposición. Se colocó unos audífonos para escuchar su música favorita y empezó a investigar, idear y organizar toda información relacionada con La Revolución Francesa. Pasó toda la tarde y parte de la noche pegada a su laptop. Solo bajó a la cocina en dos ocasiones, una para buscar un bocadillo y otra para buscar una bebida porque el bocadillo le había dado mucha sed. A eso de las diez de la noche, Lucy decidió descansar y continuar el día siguiente con la tarea. Vio la hora en su celular y se preguntó si su hermana ya estaba durmiendo, ni siquiera sabia si había llegado de su cita con James… ¡James! Había estado tan ocupada con la horrible tarea del Sr. Surrey que había olvidado completamente lo del mensaje de texto. Supongo que al menos algo bueno sucedió gracias al Sr. Surrey, pensó Lucy, sin poder aguantar una sonrisa.

En ese momento se dio cuenta que aún llevaba puesto el uniforme de la Academia. Decidió darse un baño e irse a dormir. Se quitó las medias y se colocó sus pantuflas favoritas. Salió de su habitación y se dirigió, tarareando, directamente hacia el baño. No notó las voces pertenecientes a Layla y James provenientes de la habitación continua.

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Prólogo – Nueva Historia – El Renacer

Hola, hace tiempo que no escribo nada. Casi se me había olvidado de este blog.

Bueno vengo a dejar un prólogo de una historia que estoy escribien en “conjunto” con un amigo, pero hace tiempo que no hablo con el al respecto pero aun así ya tengo el prólogo listo y, pues, quería dejarlo.

Espero que lo lean y me den su opinión. ^-^

El Renacer – Prólogo

El rey Brenin se acercó a la fuente. Ésta irradiaba un brillo extraño de color verde.

-Tiene que acercarse más, Su Alteza –le indicó la bruja Anghyr, enseñando una boca con pocos dientes, pero los que le quedaban estaban casi tan verdes como el agua de la fuente. El rey Brenin se acercó un poco más a la fuente con pasos nerviosos. Era pequeña y muy vieja; los adornos en forma de runa ya casi no se notaban y se podían ver grietas en varias de las partes por donde salía el agua.

Centró su mirada en el agua verdosa y se sorprendió al ver su propio reflejo, nervioso y lleno de preocupación. No pensé que llegaría el día en el que me viese forzado a recibir ayuda, pensó el rey Brenin, con amargura. Y mucho menos de una bruja Anghyr. Aún así, allí estaba; parado frente a la fuente, observando su reflejo y deseando no tener que recurrir a tales métodos proféticos que no conocía. Pero no tenía opción. Ya había intentado todo; pero en vano pudo encontrar su respuesta. Bueno, no una respuesta, esa parte ya estaba clara y bien confirmada por todos aquellos “profetas” a los cuales había acudido por ayuda. Lo que buscaba en realidad era una manera, una forma de afrontar la respuesta, ya que ésta resultó ser demasiado dura para él.

A sus 32 años, era considerado un rey joven pero sus hazañas sobrepasaban por mucho a las de sus ancestros. Había salido victorioso de todas las guerras en las cuales había tomado partido, amasado un vasto imperio a raíz de ello y asegurado su corona para él y sus descendientes. Estaba claro que pasaría a la historia del Reino de Deyrnas, con todos los mitos y leyendas propias de cada gran acontecimiento. Sólo que no estaba seguro de poder dejar descendientes. Por más que lo había intentado, por mucho que le rogó y prometió a los dioses, no había podido engendrar un heredero. Y eso es algo de mucha importancia para cada gran patriarca. Su mujer, la reina Dayry de Manryr, se sentía culpable y miserable por no poder darle un hijo a su amado rey. El rey Brenin, por supuesto, no le había pasado ni por un segundo por la mente echarle la culpa a su esposa. El sentía que era su culpa y que debido a todos los pecados que había cometido durante las guerras, los dioses habían decidido castigarlo dejándolo sin heredero. Un castigo cruel, especialmente porque eso pondría en riesgo el futuro de su reino al momento de su muerte.

Por esa razón (y por su orgullo como rey, por supuesto) había pedido ayuda a toda clase de “profetas”, “adivinos”, “hechiceros” e incluso al propio enemigo: Los Anghyr.

Los Anghyr eran la raza, después de los Hundyr, más fuerte del continente de Wyrden. Su ciudad capital, Dhylos, estaba muy cerca de la capital del Reino de Deyrnas. Eso había llevado a muchos desacuerdos en cuanto a territorio, rutas comerciales, e incluso, a guerras. No estaba demás decir que no se llevaban muy bien pero, en tiempos recientes, desde que el rey Brenin ascendió al trono, ambos reinos han gozado de una paz relativa. No sin antes de que los Anghyr impusieran sus condiciones y el rey Brenin, impulsado por deseos de paz, no tuviese más remedio que aceptarlas. Y de esa manera, ambas partes llegaron a un acuerdo que desde entonces se ha mantenido. Ésta también era otra razón por la cual necesitaba un heredero, para mantener la paz con los Anghyr. Sin nadie fuerte y de linaje real que reinase sobre Deyrnas, era cien por ciento seguro que los Anghyr acabarían con la paz más rápido que lo que un hechicero se tarda en hacer un encantamiento. Luego de tres días y medio de camino recorrido hacía Dhylos, el rey Brenin había mandado a llamar con uno de sus soldados a una reconocida bruja Anghyr que, según los rumores, podía ver todo lo que pasaba en el mundo y así saberlo todo. Cuando el soldado llegó a donde vivía la bruja, ésta le informó que ya sabía todo lo del rey y que si quería una forma de contrarrestar a lo que más le temía, tendría que venir él mismo en persona para verse con ella.

El soldado había regresado con las palabras de la bruja y ahora el rey Brenin se encontraba frente a la fuente. La bruja le había contado que la razón por la cual ella lo sabía todo se debía a la fuente. Había pasado por las manos de muchas brujas de su familia antes de quedar en las suyas. La fuente en cuestión le otorgaba al que la poseyera el poder de ser capaz de verlo todo, y de esa manera saberlo todo. Desde cosas del pasado hasta incluso el futuro. Otra de las capacidades de la misma era cambiar el futuro, o más bien, hacer que pasara de otra forma. Por ejemplo, si la fuente le muestra al usuario que se acerca su muerte, la persona puede cambiar ese futuro de tal forma que pueda vivir por más tiempo. De esa manera logra eludir la muerte, pero tarde o temprano (tarde en este caso) la muerte llegará tan segura como una vela que se apaga con el viento.

La bruja, luego de decirle eso, lo encaminó hacía la fuente. El rey se sentía inseguro. Ya sabía que no había manera de cambiar lo que ya estaba escrito por los dioses, pero si lo que la bruja decía era verdad, entonces podría hacer algo con respecto a su hija.

La reina Dayry de Manryr, a pesar de no haber podido darle un heredero varón, sí había logrado darle una princesa. Gwendyr era el nombre de la recién nacida. Con apenas un año de edad, la niña mostraba un semblante fuerte y un llanto poderoso, lo que demostraba que iba a tener un buen carácter cuando se hiciese mayor. Era, indudablemente, la consentida del castillo, y del reino también. Todos compartían la alegría del rey, ya que era el descendiente que tanto había deseado. Luego de que un recién nacido cumpliese un año y un mes, era tradición llevarlo con los dioses para que los mismos le dieran la bendición y le otorgaran el don de los Hundyr, la magia. Cuando el rey Brenin llevó a su hija y la colocó frente a la estatua del dios principal, Dewyr, en el palacio de los dioses; nunca se imaginó la horrible profecía que le sería impuesta a su pequeña hija.

Primero, todo el suelo del palacio tembló, haciendo que una pequeña nube de polvo se levantase. Segundo, cuando el rey fue a agarrar a su hija para ponerla a salvo en sus brazos, una luz proveniente de la frente de Dewyr rodeó a su hija; impidiéndole acercase. Tercero, de la luz salió la silueta de una mujer que profirió las palabras que marcaron el destino de la pequeña Gwendyr para siempre:

Bañada por los pecados de sus ancestros
Destinada está a no ser de los nuestros
Exiliada a otro mundo será
O sino una muerte segura tendrá
Hoy, bajo la luz del Altísimo
Se le otorgará este suplicio
El don de los Hundyr consigo llevará
Y éste su aliado se volverá
Así está escrito por los dioses
Bajo la voluntad de Dewyr, vuestro dios
Haced cumplir lo que dicho está
O el reino con ella caerá

Tan pronto la mujer dejó de hablar, todo volvió a la normalidad. La luz se fue apagando lentamente, como si estuviese entrando en el cuerpo del infante. Esa era la diosa Negyr, la mensajera de los dioses. Le tomó unos instantes al rey Brenin poder asimilar lo que había pasado. En definitiva se había convencido que los dioses lo estaban castigando por sus pecados, y al parecer, por el de sus ancestros también.

Esa profecía era la que lo había llevado todo el camino hacía Dhylos. Porque dentro de la profecía se hallaba la respuesta: enviar a Gwendyr a otro mundo. Era algo sumamente difícil de hacer, pero se podía lograr. Sin embargo el rey no hallaba en sí la fuerza para llevar a cabo tal cosa. Miró fijamente su reflejo en el agua de la fuente. De repente, el agua se empezó a arremolinar y su reflejo fue desapareciendo para dar lugar a un paisaje que no conocía. Era un campo verde (o al menos eso se imaginaba, tomando en cuenta que el agua de la fuente era verde) y lleno de flores. En el, aparecieron dos personas; una chica esbelta, alta y de cabello rojo (de nuevo, esto se lo imaginaba) corriendo junto a un joven de pelo negro. Esto hizo que su corazón le diera un vuelco, porque había reconocido a la chica: era su propia hija, Gwendyr. Al otro joven no lo reconocía pero, definitivamente estaba seguro de que esa era su hija. Sus facciones eran las mismas, aunque más maduras, claro está. Se veía tan feliz y llena de vida. Parpadeó por un segundo y la imagen de la fuente había desaparecido, volviendo a aparecer su reflejo en su lugar. ¿Qué acababa de ver? El futuro, seguramente. Y era un futuro en el cual su hija seguía con vida, tan crecida y llena de alegría. No pudo aguantar las lágrimas al imaginarse a su hija viva.

-Veo por sus lágrimas que consiguió ver lo que quería –dijo repentinamente la bruja Anghyr, ofreciéndole un pañuelo. El rey Brenin había olvidado completamente que la bruja se encontraba con él junto a la fuente. Se sintió avergonzado, rechazó el pañuelo de la bruja y se secó las lágrimas con su brazo izquierdo. Al ver a su pequeña Gwendyr en un futuro lleno de vida, el rey Brenin comprendió de inmediato lo que debía hacer. ¿Cómo no pudo comprenderlo antes? Incluso estaba escrito por los dioses. Lo que la diosa Negyr había pronunciado no fue una pena de muerte sino una forma de salvación para su hija.

-Ya vi lo que necesitaba ver –le espetó el rey Brenin a la bruja- agradezco tu cooperación, te prometo que serás bien recompensada –terminó de decir el rey Brenin.

-No necesito un recompensa –respondió la bruja, mostrando una sonrisa podrida- lo único que deseo es ver cómo se desenvuelve todo esto –culminó la bruja, mostrándole la salida al rey y deseándole un buen viaje de regreso.

Al llegar al castillo, el rey Brenin convocó a todos sus magistrados hechiceros. Al estar todos en la sala de conferencias, el rey pronunció unas pocas palabras.

-Preparen todo para un hechizo dimensional, mi hija irá a otro mundo.

Un foro en el cual me la paso.

Buenas.

Les quiero hacer saber de este forito llamado: http://jovenesescritores.freeforo.com/

En ese foro, me la paso leyendo, comentando y dando mi opinión sobre lo que los usuarios escriben. Muchas de las veces los relatos allí publicados son sumamente buenos. Yo no he publicado muchas cosas, pero tengo unas cosas por ahí que he estado escribiendo y que espero terminar.

Eso eso todo. Pásense por el foro, si quieren

Hasta luego.

Hola y bienvenidos.

Me ahorraré mi nombre real y me presentaré con el psudónimo de Y. G. Palmer. Primero que nada, debo decirles que la literatura es mi pasión. La lectura y la escritura (más que todo la primera) han formado una parte importante de mi vida, y hasta me han hecho mejor persona. Soy de Venezuela, actualmente vivo en la ciudad de El Tigre, Edo. Anzoátegui y aspiro ser un escritor. Esto no es algo nuevo, y aunque no es algo que quice ser desde que era chico, sí lo es desde hace ya varios años. Descubrí que tengo talento, aunque lo diga yo mismo, y que de verdad me encanta escribir. Y eso es, en pocas palabras, lo que soy.

Ahora, este blog va a servir (a mí más que a nadie) como una forma de expresión literaria, por así decirlo. Estaré subiendo cada cuento, relato, historia que escriba además de críticas, opiniones y lo que yo pienso de las novelas que leo, leí y leeré.

Bueno, creo que eso es todo lo que quiero decir por ahora. Espero que pasen a menudo por aquí y le echen un vistazo, aunque sea rápido, a mi blog.

Saludos.

PD. Y sí, sé que el diseño del blog está feo pero ira mejorando con el tiempo, eso espero.